Bertha von Suttner y las Conferencias de paz

Resumen:

Este artículo presenta a una de las figuras más destacadas del movimiento pacifista, una mujer, Bertha von Suttner, que vivió a caballo entre el siglo XIX y el XX y que demostró con su vida y sus hechos que «la lucha» por la paz se puede librar y ganar con voluntad, recursos y convicción. Creadora y promotora de múltiples asociaciones y conferencias del movimiento pacifista, su acción se centró en difundir los ideales de paz que fueron retomados unos años más tarde por, entre otros, la Organización de las Naciones Unidas. Su vida y su labor siguen vigentes en nuestros días, y algunas organizaciones internacionales le deben su existencia.

 

Palabras clave: Antibelicismo, Movimiento pacifista, Arbitraje, Nobel de la Paz, Conciliadora

El siglo XIX fue una época en la que las guerras hacían desangrarse a Europa y a medio mundo. Parece ser que nada hubiese cambiado ya iniciado el siglo XXI, cuando las guerras y la violencia siguen haciendo desangrarse al mundo. Y ¿qué es la guerra sino uno de los ejemplos más claros de conflicto? Veamos la definición de conflicto del sociólogo francés Julien Freund (1983, p. 65):

«El conflicto consiste en un enfrentamiento o choque intencional entre dos seres o grupos de la misma especia que manifiestan los unos hacia los otros una intención hostil, generalmente acerca de un derecho, y que, para mantener, afirmar o restablecer el derecho tratan de romper la resistencia del otro, usando eventualmente la violencia, la que podría llevar al aniquilamiento físico del otro»

Choque o enfrentamiento intencional, esto es lo más preocupante del conflicto, que dos personas, o grupos, o estados entren en conflicto con voluntad agresiva, con la finalidad de romper al otro, de quebrantar su resistencia, de conculcar los derechos del otro y, por qué no, de destruirlo físicamente. La guerra es la más clara demostración de esta ruptura. Los estudiosos de la guerra afirman que ésta ha evolucionado y que las armas han evolucionado, lo cual es evidente. Una cosa no ha cambiado nada desde tiempos inmemoriales y es, justamente, la voluntad de destrucción del otro.

Ante esta realidad tan cruda, han surgido y surgen en la actualidad personas, algunas conocidas y la gran mayoría anónimas, que dedican sus esfuerzos a intentar evitar el conflicto, o, mejor dicho, a que cuando se desata un conflicto se pueda resolver por medios pacíficos: los mediadores y los pacificadores. Y la figura que nos ocupa en este ensayo, Bertha von Suttner, es una de esas personas, una mujer que, porque vivió la guerra en su propia carne, utilizó todos los medios a su disposición para plantar cara al conflicto y ganarle la batalla a la guerra (es una paradoja que para hablar de paz a veces tengamos que recurrir a símiles de la guerra). Weiss (2005, p. 3) explica claramente que la Resolución 1325 de las Naciones Unidas aboga por una mayor participación de las mujeres en las negociaciones en las que esté en juego el destino de la humanidad así como por la protección de las mujeres durante conflictos violentos y por la prevención de la violencia como resolución de los conflictos, y pone a Bertha von Suttner entre ese reducido grupo de mujeres que, muchos años antes de la adopción de la Resolución 1325 por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ya estaba al frente del movimiento en favor de la paz. Bertha von Suttner fue la primera mujer que recibió el Nobel de la Paz, de hecho solo 16 mujeres lo han recibido desde su creación y entre las galardonadas se encuentran además de Bertha, la Madre Teresa de Calcuta, Malala Yousafzai (la persona más joven que ha recibido el galardón, premiada por su labor en favor de los niños y jóvenes y su lucha por la educación. Malala fue acosada por el régimen Talibán en su Pakistán natal por defender el derecho a la educación de las niñas), Aung San Suu Kyi, por su lucha no violenta por la democracia y los derechos humanos) y Rigoberta Menchú (por su trabajo en favor de la justicia social y la reconciliación etno-cultural basada en el respeto de los derechos de los pueblos indígenas), entre otras.

Bertha von Suttner creía en la paz y luchó por ella toda su vida. Podríamos decir que se hizo eco de una de las frases del filósofo y escritor Edmund Burke (1729-1797): «Para que triunfe el mal, sólo es necesario que nos buenos no hagan nada». Bertha von Suttner hizo mucho y en este artículo pretendemos presentar sólo una pequeña parte de su actividad en favor de la paz y la resolución de conflictos.

Algunas pinceladas biográficas

Nació en 1843 en Praga en el seno de una familia noble de Bohemia. Sus padres optaron por la educación propia en su casa, con institutrices y profesores particulares. Dotada de una memoria precisa y con habilidades para los idiomas ya que hablaba perfectamente en inglés, francés e italiano además de su lengua materna, era una niña deseosa de aprender. Le gustaba la historia por lo que se dedicó a estudiarla por su cuenta con los libros de la biblioteca de su padre, muerto a una temprana edad y que dejó a la familia en una situación complicada. Tras la muerte del padre, su madre dilapidó rápidamente la riqueza familiar por lo que Bertha decidió desde muy joven trabajar para ganarse la vida. Esta característica poco común entre las mujeres y jóvenes de su época nos dice mucho de su personalidad. Bertha von Suttner fue una mujer adelantada a su época, trabajadora incansable y sin miedo a romper incluso las convenciones sociales de su época, lo que hará de ella más adelante ser merecedora de tantos elogios. Buscó trabajo y lo encontró en la casa de la familia Von Suttner, una noble familia austríaca de la que pasó a formar parte al enamorarse y casarse en secreto con uno de los hijos del Barón Von Suttner, Arthur. La familia no lo aceptó y por eso Arthur y Bertha se trasladan a vivir a Georgia donde ella se dedica a la enseñanza y a la escritura de varios libros antes de escribir su famoso «Abajo las armas». El libro fue un éxito de ventas y se tradujo al inglés y a otros idiomas rápidamente. Se trata de una crítica feroz a la hipocresía de los gobiernos que utilizan a sus hombres como carne de cañón y luego hablan de heroísmo y patriotismo. Glatz, Lloren, Mumenthaler y Sterr (2005, pp. 11-12) afirman que el libro recibió un reconocimiento desigual pese a su fama ya que los críticos decían que carecía de rigor científico y que solo quería llegar a las emociones de los lectores; asimismo afirman que las críticas arreciaron porque Von Suttner presentó claramente en su obra sus ideas anticlericales, darwinianas y liberales, y por su condición de mujer. La misma Von Suttner hace alusión a su condición femenina y al posible antifeminismo en un discurso que dio ante el Consejo Internacional de Mujeres. En dicho discurso manifiesta haber oído decir en muchas ocasiones que las mujeres no deben meterse en política, y que los asuntos de la guerra y la paz están más allá de su comprensión. Sin embargo en el mismo discurso insta a todas las mujeres a implicarse a fondo en la causa de la paz y a utilizar todos los medios a su alcance en pro del arbitraje internacional.

Bertha von Suttner pensaba que la causa de la paz no avanzaba en el mundo porque las asentadas fuerzas del antiguo despotismo, como se refería ella a la guerra, eran como las olas del mar bravío, pero que la paz era una roca sólida contra la que chocaban las olas del conflicto pero que lograrían quebrantarla. Los principios que sostienen los que abogan por la paz no fracasarán por mucho que el mar intente ahogarlos. Consideraba que los grandes cambios nunca se producen de un día para otro y que en tiempos de revueltas y de amenazas peligrosas no hay que sucumbir ante los viejos ideales. Incluso llegó a afirmar que sería una idea excelente que los países tuvieran un Ministerio de la paz y que la prensa fuera libre e independiente para impedir que avancen los que buscan la destrucción de los países. El movimiento por la paz para Von Suttner no es una creación caprichosa de un grupo de idealistas sino un deseo de preservar a la humanidad, que es lo que hace que la civilización avance.

Shelley Anderson (2005, p. 22) indica que Von Suttner no es una soñadora utópica sino que tenía un concepto pragmático de la paz, ya que para ella era necesario conseguir acceso a los responsables políticos los cuales pueden hacer caso omiso a las personas pero no a los movimientos masivos, y que el movimiento por la paz requiere recursos, sobre todo financieros

Por su generosa actividad en favor de la paz y la resolución de los conflictos, y por su activa participación en múltiples reuniones e instituciones internacionales del movimiento por la paz, se la llamaba «Conciliatrix», la conciliadora (Kempf, 1973, p.98). Algunos ejemplos muestran claramente que uno de los objetivos fundamentales de su actividad era, justamente, la resolución de los conflictos. Sabemos que los congresos por la paz fueron su campo de acción en innumerables ocasiones. Durante el congreso celebrado en Roma en 1891 surgieron diferencias de opiniones entre las delegaciones de Francia y las de Alemania y Austria causadas por la cuestión de Alsacia Lorena. El congreso estuvo a punto de fracasar. Lo que se pretendía conseguir con el congreso era profundizar la causa de la paz y en ningún caso el debate político que sólo haría que las partes se aferraran a sus posiciones y no vieran el objetivo común. Bien lo describe Beatrix Kempf (1973): «Bertha von Suttner tenía en cuenta la reducción y, donde fuese posible, la eliminación de dichas tensiones como una de las tareas fundamentales de los congresos e igualmente como una condición previa necesaria para que los esfuerzos comunes de las sociedades nacionales dieran sus frutos».

Bertha von Suttner murió el 21 de junio de 1914 apenas una semana antes del asesinato del heredero del Imperio Austrohúngaro que dio lugar a los horrores de la primera guerra mundial. Intentó por todos los medios que la guerra no avanzara, incluso participó en la organización de la Conferencia de Paz en Viena pensada para ese año pero que por el estallido de la guerra nunca llegó a celebrarse.

Relación, debate e influencia de Bertha von Suttner sobre Alfred Nobel

Durante unos meses y antes de casarse en Viena contra la opinión de la familia Von Suttner, trabaja un breve período con Alfred Nobel como su secretaria. La actividad de Bertha como secretaria de Nobel aunque breve deja en el creador del premio una huella indeleble. A tal punto que el antibelicismo acérrimo de Von Suttner se deja ver en el testamento de Nobel. Dice Anne Synnøve Simensen (2015):

«Alfred Nobel y Bertha von Suttner se enviaron alrededor de 90 cartas a lo largo de veinte años, y ¿de qué hablaban en esas cartas? De la paz. Ella le dice incluso que debería dedicar su fortuna a la paz, a organizar conferencias de paz y a la reducción de los ejércitos. Ella era más idealista y Nobel era más práctico y creía en el equilibrio de poder. Estos dos enfoques siguen existiendo en nuestros días, el más realista y el más idealista de la reducción de armas. Ella le siguió escribiendo carta tras carta para intentar que él cambiase su visión. Y lo consiguió, porque al final Nobel en su testamento dejó estipulado que el premio de la paz fuese concedido a quien luche por la reducción de los ejércitos permanentes y los congresos por la paz. Estas fueron las dos cosas que ella consiguió que Nobel dejara escrito. A estas dos cosas él agregó una tercera que es el hermanamiento de las naciones».

Desde que Alfred Nobel y Bertha von Suttner se conocieron, al haber respondido ella a un anuncio en el que buscaba una asistente, surgió entre ambos una unión intelectual que nunca se apagó.

Glatz, Lloren, Mumenthaler y Sterr (2005, p. 11) indican que cuando Bertha von Suttner y su marido visitaron a Nobel en París, se mezclaron también con intelectuales franceses y fue allí donde oyeron hablar por primera vez de la existencia de un movimiento pacifista organizado formado por pequeños grupos repartidos por Europa aunque sin ningún tipo de coordinación. En opinión de Von Suttner, dicen las autoras antes mencionadas, sólo un movimiento organizado podría contrarrestar las tensiones políticas existentes en esa época, por lo que en su libro «La era de las máquinas» dedicó un capítulo al movimiento internacional por la paz en el que presentaba la idea de la creación de la corte internacional de arbitraje que más tarde se llevó a la práctica.

Sin embargo, Nobel y Von Suttner no tuvieron siempre la misma opinión sobre la guerra y la paz, el conflicto y su resolución. Para Nobel, cuyo negocio consistía, irónicamente, en la fabricación y venta de dinamita, un aumento en la fiereza de las armas servía de disuasión para hacer la guerra. Es una especie de contradictio in terminis que pareciera decir: a más armas, más paz. Nobel creía en ello y se justificaba diciendo que «su objetivo con la fabricación de dinamita era reforzar las perspectivas de paz» (Pick, 2005, p. 18). Bertha rechazó este argumento y no obstante nunca dejó de admirar al hombre que, al final, cambió de opinión. Pick (2005, p. 18) afirma que la carrera armamentística es la negación de la pacificación.

No dudamos de que Nobel tuviese nobles ideales en relación con la paz. Lo que planteamos es que no tenía una idea tan «radical» de la pacificación como Von Suttner. Kempf (1973, p.60) lo confirma cuando indica que en sus cartas se lee que sin duda alguna su preocupación era la paz en el mundo, y que con sus invenciones, basadas en un valor de disuasión, sólo buscaba la paz entre las naciones; afirma también que pese a su actitud escéptica frente a los idealistas, pese a no estar de acuerdo con la creación de una corte internacional de arbitraje, pese a sus dudas sobre la aprobación de políticas de desarme, reconoce los esfuerzos de Bertha von Suttner y de los comparten sus convicciones.

Pero Nobel no se queda en el mero reconocimiento. Participa económicamente de las iniciativas de Bertha pero, lo más importante, deja estipulado en su testamento aquello por lo que Von Suttner tanto luchó. En efecto el testamento de Nobel fue objeto de múltiples controversias. Algunos de sus familiares intentaron impugnarlo pero otros fieles parientes consiguieron que el testamento fuese ejecutado. En el mencionado testamento, Nobel estipula que el remanente de la fortuna que deje al morir ha de dividirse en cinco partes iguales, las cinco categorías de los premios, y en lo que refiere al de la paz establece literalmente lo siguiente: «la quinta parte a quien haya laborado más y mejor en la obra de la fraternidad de los pueblos, a favor de la supresión o reducción de los ejércitos permanentes, y en pro de la formación y propagación de Congresos por la Paz». Podemos decir que Bertha von Suttner ganó la batalla a Nobel, valga una vez más la paradoja del lenguaje de la guerra. La supresión o reducción de los ejércitos permanentes quedó, por fin, plasmado en el testamento de Nobel, pero también podemos decir que ganó Von Suttner varios años más tarde cuando la guerra fría tocaba a su fin. En 1987 los Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas representados porGorbachov y Reagan firmaron el Tratado de Washington, conscientes, dice textualmente el Tratado, de que la guerra nuclear tendría consecuencias devastadoras para la Humanidad. El Art. 5 del mismo estipula que «cada Parte eliminará todos sus misiles de alcance corto y los lanzadores de dichos misiles, y todos los equipos auxiliares, según figura en el Memorándum. De modo que dieciocho meses después de la entrada en vigor del Tratado, y en lo sucesivo, ninguna Parte posea estos misiles» y el Art.6 indica: «después de la entrada en vigor del Tratado y en lo sucesivo, ninguna Parte podrá: a) producir o probar misiles de alcance intermedio así como sus fases o lanzadores, o b) producir o probar misiles de alcance corto, así como sus fases». A 1 de junio de 1991 se habían destruido 2.692 misiles, 846 por parte de los EE.UU y 1.846 por parte de la Unión Soviética. Por fin el sueño de Bertha von Suttner empezaba a hacerse realidad. Por fin se materializó en algo concreto lo que pronunció en su discurso al aceptar el Premio Nobel de la Paz en 1905: «Su testamento (el de Nobel) ha demostrado que se convenció gradualmente de que el movimiento había salido de la niebla de las teorías piadosas hacia la luz de los objetivos alcanzables y realistamente realizables que se habían establecido (…) Con estas metas clasificó los objetivos de los congresos por la paz: la consecución de la justicia internacional y consiguiente reducción del tamaño de los ejércitos».

Influencias en el pensamiento y la acción de Bertha von Suttner

¿Cómo llegó Von Suttner a desarrollar ese profundo convencimiento de que los conflictos son evitables y de que las guerras no llevan a nada bueno? Dijimos más arriba que desde pequeña estudiaba y leía con avidez. «Sus primeros contactos con el movimiento pacifista fueron la lectura de pensadores ingleses como Herbert Spencer y Henry Thomas Buckle y el contacto con la London Peace Association» (Eyffinger 2013, p.68). La propia Von Suttner confirma estas influencias en el prefacio de sus Memorias para los lectores americanos e ingleses (Von Suttner, 1910, p.V).

Spencer fue un filósofo inglés del S.XIX de gran reconocimiento en toda Europa y en Estados Unidos. Hablaba de evolución, no sólo física sino también filosófica, incluso antes que Darwin. Se dedicó a múltiples disciplinas a lo largo de su vida: la ética, la filosofía, la sociología, la antropología, la economía, la teoría política, la literatura, y la psicología, entre otras. Su obra «Filosofía sintética» y sus múltiples escritos han ejercido y siguen ejerciendo marcada influencia en algunos políticos del siglo XX y del actual, sobre todo en los llamados «libertarios». El libertarismo es una filosofía política cuyo postulado fundamental es la libertad individual, dicho de otro modo, el derecho de cada persona sobre sí misma cuyo límite es el derecho de la otra persona. Es factible pensar que Von Suttner absorbiera de Spencer esta idea de libertad y de radicalidad del pensamiento.

Henry Thomas Buckle es un historiador inglés, autor de la obra inacabada «Historia de la civilización en Inglaterra» cuyo objetivo era presentar las leyes que rigen el progreso humano. En una conferencia pronunciada en 1858 en la Royal Institution y que fue posteriormente publicada por Fraser’s Magazine en abril del mismo año, Thomas Buckle se refiere a la influencia de las mujeres en el progreso del conocimiento. Es creíble pensar que sea esto lo que haya atraído a Von Suttner de la lectura del autor.

Algunos logros de Bertha von Suttner

Abajo las armas (Der Waffennieder!) y el pacifismo de Von Suttner

Bertha von Suttner fue una escritora prolífica. En «La era de las máquinas» (Das Machinenzeitalter) por ejemplo, publicado en 1889, la autora afirma que el desarrollo tecnológico y el progreso económico contribuyen a poner fin al germen de la guerra que es, en su opinión, el nacionalismo exacerbado. Pero Bertha no escribía solamente para satisfacer su impulso literario. Después de conocer la labor de Hodgston Pratt durante una estancia en París, como dice Beatrix Kempf (1973, p.23), resolvió con decisión prestar un servicio a la causa, servicio que dio en forma de libro, una novela que narra la historia de una mujer durante las guerras de 1859, 1864, 1866 y 1870-71 y que sufrió en carnes propias las consecuencias de las mismas. Este libro se llama «Abajo las armas» y el tema que aborda es claramente el del mantenimiento de la paz. ¿Es en verdad un libro, o mejor dicho, una escritora relevante para la resolución de conflictos?; ¿por qué consideramos que Bertha von Suttner es una personalidad que los mediadores y especialistas en resolución de conflictos han de conocer?; ¿por qué una mujer que vivió a caballo entre el siglo XIX y el XX ha de ser reconocidas por la generación actual y las venideras? Escuchemos la respuesta que puede darnos Beatrix Kempf (1973, p. 25):

«El nombre «Bertha von Suttner» había quedado asociado a la revuelta contra el antiguo orden de las cosas en el que la guerra era considerada como un fenómeno inevitable de la historia de las naciones. Una confesión de fe en la paz y el retrato de la guerra en todo su horror, el desenmascaramiento del pathos superficial con el que se adulan al valor y al heroísmo, mucho antes de que los poetas del expresionismo emprendieran la misma tarea más cruel y brutalmente durante y después de la Primera Guerra mundial, dieran muestra de verdadero valor en un momento en que enormes cantidades de dinero eran destinadas al rearme y en que se explotaban todos los medios posibles de propaganda para glorificar la guerra. Tampoco era muy difícil en aquellos días alimentar el entusiasmo de las masas por la guerra, ya que la generación de 1900 y por entonces, a diferencia de la actual, no tenía conocimiento de la terrible destrucción de la guerra global, ni tampoco de la noción de «guerra total», y mucho menos de guerra atómica».

Podríamos preguntarnos si su vida y los ideales que defendió a lo largo de su vida fueron en vano. Creemos que no. Es verdad que los conflictos no se acaban, como no acaba el género humano, ya que los conflictos son inherentes al mismo, pero es verdad que gracias a la labor denodada de personas como Bertha von Suttner se puede conseguir, al menos, que el número de conflictos disminuya o que se evite la destrucción, daño y muerte, en caso de que el conflicto sea una guerra, que los conflictos pueden causar. Tolstoi manifestó esta aspiración de poner fin al horror del conflicto en una carta que le envió a Bertha von Suttner en octubre de 1891:

«Señora:

Estaba leyendo su novela «Abajo las armas» […] cuando recibí su carta. En verdad me place su obra, y se me ocurre la idea de que la publicación de su novela es un feliz acontecimiento. La abolición de la esclavitud fue precedida por el famoso libro de una mujer, la Sra. Beecher Stowe (autora de «La cabaña del tío Tom»); quiera Dios que la abolición de la guerra siga a la publicación de la suya…» (Extraído de Eyffinger, 2013, p.75)

Si contamos los innumerables conflictos, guerras y movimientos radicales y extremistas que nos acechan cada día en la actualidad, podríamos afirmar que lo que hizo Von Suttner fue una predicación en el desierto, que nadie la ha escuchado y que su infatigable activismo en favor de la paz duradera y el desarme, por el arbitraje y un tribunal mundial (Eyffinger 2013, p.7) ha caído en saco roto. No es así en nuestra opinión. Como dice el mismo Eyffinger: «Su nombre está relacionado para la posteridad con tres palabras que encarnan aquello en lo que fundamentalmente creía: Abajo las armas» (2013, p.6)

La Asociación Internacional para el Arbitraje y la Paz

Cuenta Von Suttner en sus Memorias que en 1887 se enteró, estando en París, de la existencia en Londres de la Asociación internacional para el arbitraje y la paz «cuyo objetivo era movilizar a la opinión pública con el fin de conseguir la creación de un tribunal internacional que remplace el combate armado como medio de resolución de las disputas entre las naciones.» (Suttner, 1910, p. 287). Dicha asociación había sido creada en Londres en 1880 donde existían otras asociaciones e instituciones pacifistas pero que tenían, en general, un carácter religioso. La idea era que se establecieran instituciones similares en otros países para reunirse posteriormente en una confederación. La paz para esta institución era algo más que el simple armisticio sino que ésta «… se alcanzaría si las naciones civilizadas estuviesen preparadas a considerar que los intereses comunes son la base de una coexistencia armoniosa» (Kempf, 1973, p. 22). Por ello promovían la creación de un tribunal internacional para conocer de aquellas disputan que se suscitasen entre los países utilizando los instrumentos creados a tal efecto por el tribunal. La Asociación fue creada por Hodgson Pratt, que fue funcionario del imperio británico en la India, defensor y propulsor de la educación, y, de regreso a Gran Bretaña, uno de los promotores del movimiento cooperativista. Siempre se mostró a favor del arbitraje internacional tal y como quedó de manifiesto cuando, al estallar la guerra franco-prusiana en 1870, Hodgson Pratt abogó por la resolución pacífica del conflicto.

Este tipo de organizaciones como las fundadas por Pratt existían ya en varios países europeos y también en Estados Unidos. Pick (2005, p. 24) afirma en su ensayo antes mencionado que todos estos grupos eran pequeños y funcionaban de forma independiente sin tener una organización que los unificara. Y sigue diciendo Pick (2005, p. 24) que Hodgston Pratt, al constatar la ineficacia de estos grupos desagregados que abogaban por la paz, animaba al establecimiento de un movimiento por la paz paneuropeo cuya prioridad fuera la creación de un tribunal internacional de arbitraje para la resolución de disputas entre los estados. Este tribunal fue, en efecto creado poco después con el nombre de Corte Permanente de Arbitraje internacional del que hablaremos en un artículo dedicado exclusivamente a este respecto.

La Unión Interparlamentaria, fundación de la Sociedad Austríaca de la Paz y el Congreso de Roma de 1891

En 1890 Bertha von Suttner y su marido se instalaron provisoriamente en Venecia. Allí conocieron al Marqués Pandolfini que era el representante de Italia en la conferencia interparlamentaria que se estaba organizando desde 1888. Se resolvió crear una sociedad de la paz en Venecia siguiendo el modelo de la asociación de Pratt de Londres, lo que dio a Bertha la idea y la forma para crear una asociación en Austria. Kempf (2005, p. 31) afirma que en esos días existía una amplia colaboración entre las conferencias interparlamentarias, que luego pasarían a llamarse Unión Parlamentaria, y los miembros del movimiento por la paz. Existía la idea de celebrar conferencias anuales cuyo tema fundamental era el arbitraje.

En efecto, la Unión Interparlamentaria fue creada en 1889 por iniciativa de dos parlamentarios y hombres de paz, William Randal Cremer del Reino Unido y Frédéric Passy de Francia, como primer foro permanente para negociaciones políticas multilaterales, según indica su sitio web (http://www.ipu.org). La IPU, según sus siglas en inglés, promueve los conceptos de la paz y el arbitraje internacional y ha supuesto el origen de la colaboración multilateral institucionalizada, podríamos decir en este sentido que se uno de los antecedentes de la Organización de las Naciones Unidas. También fue instrumental para la creación de lo que es en la actualidad la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya.

A su regreso a Viena Arthur y Bertha Von Suttner comentaron lo vivido en Venecia con amigos y políticos conocidos. Al principio los comentarios fueron acogidos con escepticismo. No obstante el Marqués Pandolfini les escribió contándoles con entusiasmo que el siguiente congreso se celebraría en Roma en 1891. Bertha y su marido se pusieron manos a la obra y finalmente consiguieron que Austria enviara sus representantes políticos.

El movimiento estaba en marcha desde hacía unos años, pero Bertha no cejaba en su intento de hacer todo cuanto estuviese en sus manos. Por eso, y renovada por las noticias del Congreso de Roma, lanzó la convocatoria para la creación de la Sociedad Austríaca de los Amigos de la Paz en septiembre de 1891 de la que fue electa presidenta, por lo que pudo participar en el congreso de Roma donde trabó amistad con grandes personalidades del movimiento pacifista como por ejemplo Passy, fundador de la Unión Interparlamentaria, quien al conocerla empezó a llamarla «Nuestra comandante en jefe». Dice Pick (2005, p.32) que con ese primer discurso en público «encontró su estilo que mantuvo para el resto de su vida. Nunca arengaba a su público; hablaba siempre pausadamente y sin muchos gestos. Dejaba que las palabras que había escogido cuidadosamente hicieran su trabajo». Incluso le dice a Nobel después de su discurso que se sorprende de sus propias habilidades diplomáticas. Nada la detiene ya jamás. Funda una revista llamada igual que su libro «Abajo las armas» para seguir difundiendo la causa de la paz; y continúa incansable el trabajo con su Sociedad de Amigos por la Paz y con el resto de los movimientos, aunque con éxito desigual. Todo lo hace porque su pacifismo está impulsado por el principio de que el ser humano ha de comprender que la guerra no tiene que seguir usándose como instrumento para la resolución de los conflictos.

Conferencias de la paz de La Haya

Bertha tenía contactos que la ayudaron a conseguir que la causa de la paz avanzase en todos los campos a los que ella se dedicaba. Participó activamente en la organización de la primera conferencia mundial por la paz convocada por el Zar de Rusia y la reina de Holanda.

«Rusia no se podía permitir continuar con la carrera armamentística y decidió que si los países europeos acordaban reducir el número de armas, y declarar que algunas armas son ilegales, se podía ahorrar dinero. Así fue como se prohibieron el gas mostaza, las balas expansivas, y el lanzamiento de bombas desde globos aerostáticos. Bertha fue la única mujer que participó en la inauguración de tan señalado congreso que sentó también las bases para la creación de la corte internacional de arbitraje y del concepto de ‘resolución pacífica de controversias’». (Weiss 2005, p. 4)

En aquella época no había muchas mujeres que participasen activamente en los movimientos pacifistas. Pero Bertha había demostrado con creces estar a la altura de la conferencia de paz. Por eso tomó parte en la misma, y podríamos decir con Weiss (2005, pp. 14-15) que fue ella quien introdujo por primera vez en la historia el concepto de lobby realizado por la sociedad civil, y que los delegados gubernamentales solía reunirse con ella en su «salón», convencida como estaba de que muchos de los problemas se dirimían en un entorno más relajado y no tanto en la mesa de negociaciones. En Revista de Mediación (Madrid Liras, 2016) ya se ha hecho alusión a este concepto: Diego Arria, ex embajador de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas y ex Presidente del Consejo de Seguridad de la misma creó la célebre «Fórmula Arria» consistente, justamente, en la negociación con los delegados y representantes de las naciones y organizaciones en un ambiente distendido y sin la presión del debate, la urgencia y el derecho de veto que pueden inundar el Consejo de Seguridad. Lo que se inició en el siglo XIX por nuestra visionaria, fue impulsado en la más alta instancia de representación de todos los países unidos durante el siglo XX.

Durante la conferencia los delegados de 26 países reunidos durante 10 días trabajaron divididos en tres comisiones con el objetivo de abordar: el derecho de la guerra tanto terrestre como marítima, la corte de arbitraje y el desarme. Esta última fue la única de las tres comisiones cuyo trabajo no llegó a buen puerto. De hecho en la segunda Conferencia de La Haya celebrada en 1907 la labor en favor del desarme se vio interrumpida y la carrera armamentística siguió su curso impulsada por el nacionalismo imperante en los países europeos.

La comisión del derecho de la guerra consiguió más logros. «Por primera vez en la historia, el derecho consuetudinario de la guerra fue codificado en forma de derecho normativo, constituyéndose así en un paso revolucionario del derecho internacional» (Eyffinger 1999, p. 440).

La tercera comisión también consiguió su cometido. Afirma Weiss (2005, p. 15) que dicha comisión dio lugar a la creación de la Corte Permanente de Arbitraje, antecesora de la Corte Permanente de Justicia Internacional y antecedente directo de la actual Corte Internacional de Justicia, también llamada Tribunal Internacional de Justicia.

Los delegados firmaron varias resoluciones y convenciones no vinculantes pero de gran calado a nivel internacional. Para nuestro tema de interés, la más importante de todas es la Convención sobre la resolución pacífica de las disputas internacionales (Convención I, 1899). Las tres grandes convenciones de la Conferencia, a saber, la anteriormente citada, la Convención sobre la limitación de las armas (recordemos que aunque el desarme no se produjo como consecuencia de la Conferencia, sí se limitó el empleo de las armas más letales) y la Convención sobre el derecho de la guerra son consideradas por muchos estudiosos como los tres ámbitos en los que la Conferencia de La Haya de 1899 y su hermana la de 1907 han aportado más en el campo del derecho internacional a lo largo del siglo XX.

Conclusión

El pacifismo, o cultura de la paz como lo llamamos en nuestros días, es connatural al hombre, y podemos relacionar este concepto con la teoría de Rousseau de que el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe. Podríamos decir que el hombre nace pacífico y la sociedad lo vuelve violento. Pero la sociedad está formada por hombre y mujeres que, siguiendo a Rousseau, nacieron buenos y pacíficos. El conflicto existe, y puesto que existe se impone restablecer la cultura de la paz. Bertha von Suttner decidió hacerlo mediante múltiples actividades como hemos visto; los mediadores lo hacen con su trabajo diario ya que mediar es un intento de «restablecer» la paz entre dos o más partes enfrentadas. Hay quienes sostienen que un mediador o un pacificador tienen que permanecer neutrales. Quizás. Pero el problema no es la neutralidad, no entraremos ahora en este debate, sino la permisividad. No podemos callar ante el conflicto. No podemos sentarnos de brazos cruzados a ver que la guerra, epítome del conflicto, desgarra la vida de miles de personas. Seríamos cómplices de los agresores, y como dice Simone de Beauvoir, «el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos» porque, en efecto, estamos inmersos en una sociedad en la que el conflicto campa a sus anchas, por lo que seríamos como esos cómplices entre los oprimidos si no hiciéramos, al menos, lo que Bertha von Suttner ha podido desarrollar gracias a su labor incansable junto con cientos de hombres y mujeres que a lo largo de los años han querido poner en práctica los ideales de la paz.

Referencias

Anderson, S. (2005). In the Footsteps of Bertha von Suttner: Women Peacebuilders Today. En International Peace Bureau e International Fellowship for Reconciliation (Eds.). The Life of Bertha von Suttner and Her Legacy for Women Peacemakers Today. (pp. 22-34). Alkmaar, Países Bajos: Autor.

Eyffinger, A. (1999). The 1899 Hague Peace Conference: «the parliament of man, the federation of the world». The Hague, Paises Bajos: Kluwer Law International.

Eyffinger, A. (2013). TheStars of Eternal Truth and Right. Bertha von Suttner’s Campaign for Peace, Social Justice and Womanhood. Oisterwijk, Paises Bajos: Wolf Legal Publishers (WLP).

Freund, J. (1983). Sociología del conflicto (p. 58).Madrid, España: Ediciones del Ejército.

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