Editorial: una ayuda para pensar

En «Excusas para no pensar» (Ed. Destino, 2011, pp. 19), Eduardo Punset, a partir de los avances en psicología y neurociencia, plantea que la inteligencia es tal cuando responde a «tres condiciones: flexibilidad de criterio que les permita cambiar de opinión, capacidad para diseñar representaciones mentales que les permiten predecir lo que va a ocurrir y, finalmente, si son o no innovadores». Es curioso que justamente cuando las personas estamos en conflicto sean esas tres condiciones las primeras que perdemos. El estado de ensimismamiento supone un bloqueo personal caracterizado por la rigidez de pensamiento: veo lo que veo, creo lo que creo y quiero lo que quiero; y me aferro a esa rigidez de criterios porque es una defensa frente al otro vivenciado como peligroso o dañino, ese otro que quiere (o tiene) lo que me pertenece o merezco. Todo intento ajeno de que cambie de opinión (1ª condición) me genera resistencia activa (choque directo con el que intenta «forzar» mi opinión) o pasiva (desconfianza y retirada), actitudes todas que el mediador debe saber entender y superar. Mis creencias y opiniones parecen firmemente establecidas y sin ápice de quebrantabilidad, representaciones mentales o narrativas cerradas, podríamos decir, acudiendo al modelo circular-narrativo. Ese bloqueo y cerrazón me llevan a no cuestionarme las consecuencias de mantener esa actitud cerrada. Dejo de predecir consecuencias (2ª condición). Igualmente me cierro a soluciones que no sean las que yo he considerado correctas. Visto desde fuera, si no hay un esfuerzo –que debe darse en el mediador– por entender este proceso psicológico, choca que soluciones evidentemente positivas para resolver el conflicto no sean vistas o incluso sean rechazadas de base por los mediados. Las soluciones creativas (3ª condición) brillan por su ausencia. Luego, si damos por válido lo planteado por Punset, cuando estamos en conflicto y nos ensimismamos, nos aferramos a nuestras narrativas cerradas y a nuestras rígidas posiciones, y rechazamos toda posibilidad de solución que vaya en contra de lo que ya inicialmente hemos considerado, cuando esas cosas ocurren, no estamos siendo inteligentes.

No es nuestra tarea como mediadores que los mediados tomen conciencia de ello, de cómo reaccionan frente a la vivencia de conflicto. En todo caso, eso será tarea de una psicoterapia cuando el profesional observa que este mecanismo defensivo es recurrente y afecta sobradamente a aspectos importantes de la vida de la persona. Nuestra tarea como mediadores es, sabiendo esto, ayudar a las personas a salir de ese estado puntual en el conflicto concreto que ponen sobre la mesa para ser mediado. Y, ¿cómo lo hacemos los mediadores?

Para empezar, tras aproximarnos a ellos de tal forma que entiendan que no somos enemigos y que, por tanto, de nosotros no necesitan defenderse (desconfianza básica hacia todo y hacia todos, presente en el ser humano cuando está en peligro o conflicto), el mediador se focaliza por norma en ir generando progresivamente flexibilidad de criterios. Buscamos que el mediado se abra a nuevas perspectivas, visiones más ricas del conflicto, narrativas más amplias (1ª condición). No importa cuántas excusas para no pensar nos den los mediados. Insistiremos. El fin es, no sólo tomar conciencia de las dimensiones reales del conflicto, frente a la tendencia de las personas en conflicto a sobredimensionarlo –o, en ocasiones, a todo lo contrario: a minimizarlo, para desesperación de la otra parte, que no se siente entendida-. El fin es, además, vencer esas resistencias al otro; incluso, yendo más allá, ese abrirse al otro que tanto promueve la escuela transformativa. Desde ese nuevo espacio, hemos logrado un cambio de opinión y, con ello, un cambio de actitud, cambios predecesores de los siguientes pasos.

Esa nueva apertura inteligente (según Punset), va a ayudarnos a que los mediados den el siguiente paso: abrirse a nuevas soluciones, a nuevas posibilidades no consideradas hasta el momento. Por tanto, nos dirigimos hacia la 3ª condición de la inteligencia. Desde el modelo inicial en mediación de Harvard, este momento de la lluvia de ideas en busca de nuevas soluciones es un clásico de la mediación. Y, ¿qué hacemos con ello?, ¿sólo ayudarles a resolver el conflicto? No, nuevamente acorde a lo planteado por Punset, les estamos despertando su inteligencia, una cualidad humana notable que a menudo, en nuestras relaciones sociales cotidianas, en nuestro día a día, parece que ha salido a pasear. Y en los casos más extremos, parece haberse ido para no regresar.

Todos los mediadores hemos pasado por ello. En ocasiones, conseguir estas aperturas (de pensamiento, juicio y soluciones) no es tarea fácil. Algunos mediados se atrincheran en sus posiciones y se niegan a ver y empatizar con el otro. ¿Qué hacemos los mediadores? Entre otras posibilidades, un clásico es recurrir al MAAN (Mejor Alternativo al Acuerdo Negociado) y al PAAN (Peor Alternativa al Acuerdo Negociado), es decir, les ayudamos a cuestionarse sus alternativas fuera del proceso de mediación. Les enfrentamos a la realidad: a que valoren qué creen que pueden obtener por otras vías más confrontativas, tanto lo bueno como lo malo. Intentamos que vean, que predigan lo que puede ocurrir si se sigue esa vía. E igualmente intentamos que valoren cuáles podrían ser las consecuencias positivas de llegar a un acuerdo en mediación, que visualicen ese posible acuerdo y las consecuencias para ellos en su vida cotidiana, desde la idea de que imaginar-visualizar un futuro deseado promueve el cambio de actitud y el esfuerzo por dirigirse hacia ese deseo (una técnica que podríamos llamar VYDA: visualizar y desear el acuerdo). Ambas intervenciones, MAAN y PAAN, y VYDA, apelan a la segunda condición de la inteligencia: la capacidad de predecir lo que va (o puede) ocurrir. Predecir las consecuencias es una cualidad claramente inteligente y no pararse a considerarlas, no lo es.

En el mismo libro, Eduardo Punset nos habla también de la felicidad, y señala tres dimensiones como las realmente importantes para ser feliz, de acuerdo a las investigaciones en este tema: «relaciones personales, control de la propia vida, y saber sumergirse y disfrutar del flujo de la vida». Revisemos: con más atención a ello en unos modelos que en otros, en general toda mediación se focaliza en otorgar el control del proceso y de sus decisiones vitales a los mediados, qué quieren hacer con su conflicto, cómo quieren (si quieren) resolverlo… (2ª dimensión). También de alguna manera todos los modelos –unos más que otros-, se focalizan en mejorar las relaciones personales de los afectados por el conflicto (1ª dimensión). Y, sin duda, la actitud de desdramatizar (sin menospreciar) el conflicto, de dejar estar, de fluir más allá y a pesar (e incluso, a través) del conflicto, es la actitud mediadora por excelencia (3ª dimensión).

Así que si Punset tiene razón, y seguro que es así porque está bien informado, nuestra tarea como mediadores es ayudar a las personas a resolver sus conflictos a través de facilitarles la expresión y el buen uso de sus inteligencias. Con ello conseguimos, entre otras cosas, ayudarles a ser más felices. Inteligencia como medio, felicidad como fin. ¿A que suena bien?

Inteligentes son nuestros autores de este número como inteligentes son las propuestas que nos hacen en sus artículos. Tal es el caso del artículo de la Doctora en Ciencias Políticas de la UCM, Paloma Román Marugán, «La mediación y la negociación políticas: algunas cuestiones de debate en torno a una estrategia provechosa», cuyas consideraciones sobre la mediación en el ámbito político, tema no tratado hasta ahora en «Revista de Mediación», nos parecen realmente interesantes. E inteligentes, novedosas y solidarias son las propuestas –ya experiencias– que nos traen nuestro querido y siempre bien dispuesto Carlos Peyró Ripoll en «mediación en vivienda ocupada»; David Ceballos Peña en el excelente «La mediación hipotecaria: un nuevo fenómeno de afrontamiento de conflictos en un entorno de crisis social»; y el catedrático Carlos Luís Guillen Gestoso, la Dr. María del Junco Cachero y el Guardia Civil y Dr. José Gabriel Torrens Ibarguren, «Medipol: Plan de Gestión Integral de Resolución de Conflictos, para Fuerzas y Cuerpos de Seguridad», que introduce la mediación como herramienta novedosa y pionera en la resolución de los conflictos policiales internos y/o externos.

Tres propuestas de eso que llaman «rabiosa actualidad» y posiblemente nunca mejor dicho lo de rabiosa. Tres propuestas muy necesarias en los momentos en que nos encontramos, momentos en los que se confunde la compra de camiones antidisturbios con inversión en resolución de conflictos.

Por último, desde la Universidad de Barcelona nos llega la validación de una prueba que pone el ojo en lo que finalmente debe ser una buena práctica profesional, la calidad de los servicios prestados a las personas. Así, el «cuestionario para valorar la satisfacción de usuarios en programas de mediación civil (CSM-C)», del Dr. Miguel Ángel Soria, la Dra. Yepes-Baldó y la alumna predoctoral Mª Inés Lovelle, podemos valorarlo como la apuesta que las universidades están haciendo por la atención responsable. Por supuesto, una mirada también a la felicidad de nuestros usuarios que todo mediador debe tener muy presente.

Y como de felicidad también hemos hablado, deseo compartir la mía y, por ello, no quiero finalizar este editorial sin desear un feliz 2014 a nuestros lectores, un año especialmente positivo para «Revista de Mediación» que, en breve, crecerá en confianzas y apoyos, como próximamente les iremos comunicando. Nuevamente gracias y mucho deseo de felicidad al equipo, revisores, Consejos, maquetador, traductor y demás participantes, y muy especialmente a nuestra nueva y ya imprescindible incorporación, Ana Isabel García Colmenarejo, y a la subdirectora, Mónica Rodríguez-Sedano, porque desde Madrid llevará la brújula de este barco que es «Revista de Mediación», cuyo timón se traslada temporalmente al otro lado del charco. Gracias porque todos vosotros hacéis que «Revista de Mediación» sea una realidad cada vez más fuerte y con mucho futuro.

Washington, 27 de diciembre de 2013.

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