Presentación: Motivos de desesperanza; Razones de esperanza

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Ya lo aventuraba en el número anterior: por motivos que desconozco, nuestros políticos consideran que la mediación es como “coser y cantar”; en fin, cosa fácil, cosa de ponerse, de juntar a dos enfadados y hacerles ver que para qué se enfadan. Uno esforzándose para que sus alumnos entiendan, practiquen y se sientan seguros con no sé qué técnicas, y resulta que lo que único que tenía que enseñarles era a solicitar un seguro de responsabilidad civil. ¡Qué pena de cañas que no nos hemos tomado por entrenar y entrenar una mediación tras otra!

Si en el número 4 de “Revista de Mediación” les comentaba la curiosa visión de la Presidenta de ¿nuestra? Comunidad de Madrid, que llegó a afirmar frente a la representante de los mediadores de dicha Comunidad y a éste, vuestro servidor, que cualquiera puede mediar (y yo, esperanzado, ya contaba con que mi sobrino Mario de 9 años pudiera ejercer como arquitecto gracias a sus dotes con el tente, ¿recuerdan?); ahora tenemos al Ministerio de Justicia que, siguiendo las mismas tesis neoliberales, se suma a eso de que medie el que quiera; al menos, el que quiera pagarse un seguro.

Lo único que me tranquiliza de todo esto es que por fin oposición y Gobierno están de acuerdo en algo. Para algo sirve la mediación: para que derechas e izquierdas coincidan en que es una profesión sin profesión, sin necesidad de formación, ni de reciclaje, ni de principios, ni de ética, ni de práctica, ni de teoría. Veamos si mantienen esa unión para otros temas.

Y digo yo: ¿no estaremos entendiendo mal lo que nos plantean? Quizás nos hemos aferrado a nuestras posiciones (vaya, en breve no podremos hablar de posiciones para nuestros bienvenidos colegas mediadores sin formación porque en el contrato del seguro no se habla de posiciones, ni de reformulaciones, ni de preguntas circulares, ni de ná). Quizás no estamos intentando entender al otro. Quizás no nos damos cuenta del reconocimiento oculto de esa medida. En realidad nos están diciendo que nuestra labor, mediar, es como la de ellos, gobernar, y que si a ellos no se les pide formación alguna, ¿cómo nos la van a pedir a nosotros? Habrá que explicarles, entonces, –porque ya sabemos que hacerse entender es importante en mediaciónque nosotros no sólo queremos mediar, sino que queremos mediar bien. Igual que desearíamos no sólo que nos gobiernen sino, para variar, que nos gobiernen bien. Y es que, digan lo que digan Esperanza Aguirre y Francisco Caamaño, una profesión, incluso la de ellos, requiere de una formación, de una ética, de unos conocimientos, de una práctica; en fin, una profesión, cualquiera, requiere de profesionalización. ¿O creen ustedes que si me saco un seguro de responsabilidad civil ya estoy capacitado para apagar fuegos, operar estómagos, detender delincuentes o repartir medicamentos, por poner algún ejemplo? Si a un socorrista le piden que se recicle cada 2 años, a un profesor a seguir actualiándose, y, en general, estamos en la Europa del aprendizaje permanente, y aquí hemosoptado con valer para todo a precio de seguro. Y seguro que vamos mediar estupendamente sin formación, pero con seguro.

¿Cómo le explico yo ahora a Santiago Miranzo que su estudio sobre el término “mediación” se ha quedado obsoleto? Santiago, mediación es lo que hace, por ejemplo, un dentista que se ha sacado el seguro de mediador. ¿Y qué le digo a Miguel Hierro de su caso de mediación familiar, tan bien explicado, justificado, sus objetivos, sus intervenciones…?, ¿cómo le cuento que ya no hace falta un procedimiento y una buena práctica? ¿Qué le digo a María Percaz sobre su brillante trabajo sobre las emociones del mediador además de contarle que es la desesperanza la que ahora me arroya? ¿Serán nuestras mediaciones tan poco asentadas profesionalmente como las “experiencias mediadoras” que nos relatan Rocío Martín y Laura Pujol en su acercamiento a los lugares donde se dice que se hace mediación? ¿Qué les digo a todos ellos y a mi equipo de la revista?, ¿y a los socios de AMM, que la mantienen?, ¿y a la Junta Directiva que la apoya? ¿Les digo que nuestros esfuerzos para que la mediación sea una profesión seria, fundamenteda, estudiada y reconocida no han servido para nada? ¿Qué sienten los niños cuando descubren quiénes son realmente los Reyes Magos? Querida Laura, ¿qué pensará tu hija Carolina, la que ahora estás dando a luz mientras nosotros parimos este nuevo número de “Revista de Mediación” cuando un día le cuentes que un día, sin saber porqué y para qué, alguien decidió que tu formación como mediadora fuera igual a cero?

Porque si a uno/a le toca pelearse con su pareja y tiene que haber un tercero para mediar, que al menos sea, por favor, delante de un mediador profesional. Imaginemos la cara de impotencia del mediador no formado, con gran corazón y seguro actualizado, ante una de esas clásicas disputas de pareja, pulla va, pulla viene. ¿Qué hará?, ¿plantarles el recibo del seguro pagado para que se callen?

Como nos plantea Ana Criado, con ese acierto y energía que la caracteriza, en el nuevo “Espacio Abierto” de la Revista de Mediación, espacio al que estáis todos invitados: somos profesionales y debemos sentirnos orgullosos y dispuestos a luchar por ello. ¡Bravo, Ana!

Aldo Morrone contaba que explicaba a su hijo qué era eso de ser mediador contándole que era “el guardían de la esperanza”. Pero ser mediador es también emprender acciones frente al conflicto; no evitarlo, no mirar para otro lado, ni hacer como si no pasara nada. Es afrontarlo con el fin de superarlo. Ahora más que nunca seamos mediadores, mediadores profesionales, y guardemos la esperanza de que propuestas como las del Ministerio de Justicia sean modificadas por sus responsables; y seamos mediadores tomando también acciones para que esto ocurra. “Se puede confundir conciencia y comprensión con marioneta; futuro y vocación con automóvil”, cantaba Amaury Pérez en aquella maravillosa canción-poesía titulada “hay días”. Y sigue: “es día que hay que andarse con cuidado, porque una distracción sería terrible; es día de vencer en la impotencia al ángel y al arrastre del veneno; es día de imponer a la prudencia, el sentimiento, el corazón y el fuego”.

Y tú, mediador/a, ¿cómo vas a explicarle a los tuyos y a tí mismo/a lo que un día ocurrió delante de tus ojos?; ¿qué vas a hacer?

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