Presentación: Figuras para la historia de la mediación

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Les contaré una historia para hablar de historia.

Visitábamos este verano el impresionante monasterio de Santa Catalina de Arequipa (Perú), esa «ciudad dentro de la ciudad» que había llegado a albergar a casi 500 monjas a la vez, y debatíamos sobre la figura controvertida de la dominica Catalina de Siena, por momentos mediadora para evitar la destrucción de Siena y por momentos defensora de una de las guerras cruzadas, cuando se nos planteó el asunto fundamental que finalmente está presente en este número de Revista de Mediación: la necesidad de reforzar la historia de nuestra dedicación, la mediación y la resolución pacífica de los conflictos, a través de analizar y prestigiar las vidas y acciones de aquellas figuras que han promocionado la paz de diferentes maneras y han ejercido acciones para superar conflictos internacionales. A lo largo de ese complejo religioso que supera los 20.000 m2, en cada uno de sus claustros y en cada una de esas pequeñas plazas y rincones mágicos, al entrar y salir de sus muchas celdas, que son más apartamentos que las tradicionales celdas de un convento, veíamos caer la tarde, en un ambiente propicio para la paz y para la reflexión, pero, ¿por qué no?, para el debate y para la creatividad. Los nombres de esas figuras históricas se nos entremezclaban con la de los autores que estarían dispuestos a sumarse a este pequeño homenaje a figuras clave.

Rápidamente apareció entre los nombres de los grandes mediadores el de Jimmy Carter, ese brillante presidente de los Estados Unidos que, sin embargo, fue más reconocido por su labor como expresidente, como le legitima, entre otros méritos, haber recibido el Premio Nobel de la Paz en 2002, y ser el presidente y fundador del Carter Center, una organización no gubernamental de alta relevancia en la promoción de los derechos humanos y en el empleo de la mediación en conflictos internacionales. Pocos meses después, tras las elecciones de este año en Estados Unidos, cuánto hemos agradecido aquella idea robada a los muros de Santa Catalina, cuando vemos la necesidad tan grande de celebrar a los buenos presidentes y tanto que temer de los malos. Veremos qué nos acaba diciendo la historia. Sí, Jimmy Carter tenía que figurar; y sólo había un nombre claro para quién debía escribir sobre él, el maestro Francisco Díez, que tantos años ha trabajado junto a Carter en Latinoamérica. ¿Aceptaría? No hacía tanto que había publicado con nosotros ese artículo fundamental para todo mediador que comienza su andadura, que es «Acerca del espacio y de la mediación» (http://bit.ly/2iddYQt ). Dudábamos de sí querría sumarse, pero no lo descartamos. Cuando tiempo después, ya con la idea más desarrollada, le lanzamos la propuesta a Francisco, debo decir que tardó escasas horas en responder y en sumarse. No tuvo dudas. E hizo partícipe de su proyecto al propio Carter. Una vez más, gracias Francisco por tu disposición y buen hacer.

Teníamos, por tanto, un Premio Nobel de la Paz. ¿Y si nos focalizáramos en esta primera ocasión en premiados por este prestigioso galardón? El siguiente personaje apareció entonces: Dag Hammarskjöld, Secretario General de las Naciones Unidas y Premio Nobel de la Paz en el año 1961, cuyo papel como mediador fue fundamental en controversias como la del Canal de Suez o la que protagonizaron Líbano, Jordania y los Estados Árabes. Contábamos para ello con Francisco Rojas Aravena, rector de la University for Peace (dependiente de la Organización de las Naciones Unidas) como miembro del Consejo Editorial de Revista de Mediación para orientarnos sobre quién, de la UPEACE, podría realizar un artículo así. Apareció entonces el profesor nepalí Manish Thapa, quien se entregó decididamente y con mucho acierto a la tarea.

Queríamos un latinoamericano en nuestro listado y nos encontramos con el primer Premio Nobel de la Paz para un latinoamericano, en 1936, en la figura del ministro de Relaciones Exteriores argentino Carlos Saavedra Lamas. Nos adelantábamos unos meses a la concesión este año del Nobel de la Paz al también latinoamericano Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, por lo que han sido posiblemente los acuerdos de paz más importantes de los últimos años, y que ha contado con la importante labor de los mediadores, entre ellos, el hermano del presidente, el periodista y activista político Enrique Santos Calderón, delegado en la etapa preliminar de las negociaciones en La Habana entre el gobierno de Colombia y las FARC. Como curiosidad, se cuenta que, al parecer, fue solicitado, no por el bando de su hermano, sino por los miembros de las FARC, por entender que podía ejercer un buen papel mediador en este conflicto: por un lado, era hermano del presidente y, por otro lado, había presidido el Comité de Solidaridad de los Presos Políticos, que llevaba a cabo acciones para la defensa de los prisioneros guerrilleros y personas vinculadas a grupos de izquierda armada. Pero regresemos a Carlos Saavedra. El profesor argentino y miembro del Comité Editorial de Revista de Mediación, Claudio Conforti, nos habló del papel como mediador de este ministro argentino en la guerra del Chaco. También nos habló de su relevante papel en la promoción de fuerzas internacionales de paz, para que se envíen a conflictos internaciones «como policía internacional, para separar a dos ejércitos en guerra». No había dudas: Saavedra tenía que estar en nuestro especial y Claudio debía realizar ese artículo al que, como no podía ser de otra forma, se entregó con esfuerzo y esmero, dándonos un artículo excelente sobre esta figura poco conocida.

Por último, sentíamos la ausencia de una mujer en ese cuarteto que queríamos realizar. Hablamos con nuestra amiga Maricel Sauterel, que contaba con una impresionante trayectoria política en el ámbito de las mujeres en Chile (durante 10 años en el Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM) y en la actualidad como encargada de la Unidad de Género para el Ministerio de Defensa Nacional de Chile). De nuevo, rápidamente se sumó al proyecto y atrajo consigo a otra experta en la materia, Daniela Sepúlveda. Su tema iba a ser Betty Bigombe (Uganda), como una oportunidad para abordar el papel de las mujeres en las negociaciones de paz en países africanos, pero, ¿por qué limitarse a una mujer y no ampliarlo directamente al rol mediador de las mujeres en los procesos de consolidación de la paz internacional? Así lo hicieron y hoy nos felicitamos por esa decisión acertada.

Pero seguíamos sintiendo una ausencia: una figura histórica, mujer, que, a poder ser, hubiera recibido el premio Nobel de la Paz y fuera significativa en su papel por la paz y la solución positiva de controversias. Y apareció ella: Bertha von Suttner, ni más ni menos que la primera mujer que recibió este galardón y a la que, para más inri, llamaban «La Conciliatrix». Y no sólo eso: Von Suttner fue amiga del propio Alfred Nobel y fue la auténtica promotora para que éste incluyera entre sus premios uno específico por la Paz. Era, de alguna manera, la madre de todo esto que estábamos promocionando. Necesitábamos a alguien dispuesto a embarcarse en la investigación de esta figura. Y quien mejor que aquel que había iniciado toda esta idea, Marcelo Rodríguez Rivollier, co-director de Revista de Mediación y responsable de relaciones internacionales de la revista. Su curiosidad insaciable, su acertada pluma y su naturaleza mediadora, en quien lo es más que muchos otros mediadores formados, y cuando menos, mucho más que quien escribe estas palabras, le hacían el candidato perfecto. El resultado de ese artículo habla por sí mismo: impecable y reflexivo.

Finalmente, tras la publicación de su último libro, «Tutela judicial efectiva y mediación de conflictos en España» (2016, Tecnos), recibíamos el último artículo de nuestro amigo Franco Conforti, que pese al apellido, no es familiar, que sepamos o sepan ellos, del otro Conforti de este número. Nuevamente Franco trae sus análisis a Revista de Mediación, y esa oportunidad no podíamos perderla. Quien es sin duda uno de los autores más comprometidos de nuestro panorama en el ámbito de la mediación, tendría nuevamente espacio con nosotros.

Y cierra este número la recensión sobre el libro «Mediación transformativa: una guía práctica» (2016), de Folger, Bush y Della Noce, en la que yo mismo revisaré y reflexionaré sobre este texto fundamental para todo mediador. Por ello, en contra de mi tendencia habitual a aprovechar estas presentaciones para reflexionar sobre algún asunto de mediación, dejo tales reflexiones para ese otro espacio.

Aprovecho para informar que, después de tres años de investigación fuera, regreso a España para retomar actividades y lanzar nuevos proyectos, como la próxima salida de Revista IMOTIVA, donde miembros, colaboradores y amigos del Instituto Motivacional Estratégico iremos mostrando nuestras aportaciones a ámbitos como el de la mediación, la conflictología, la psicología, la educación, el trabajo social, la sociología y la lingüística. No se la pierdan.

Concluye aquí esa historia sobre la historia de este número, que nos va a hablar de la Historia con mayúsculas; en este caso, de nuestra propia Historia de la mediación. Esperemos que sea de su agrado.

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